La construcción de “El Tigre”: la estrategia detrás de una marca política que trasciende a Abelardo de la Espriella
La figura de Abelardo de la Espriella ha evolucionado más allá de su rol como abogado y empresario para convertirse en un fenómeno político y mediático que hoy es reconocido bajo el nombre de “El Tigre”, una marca cuidadosamente diseñada que mezcla identidad personal, marketing político y expansión comercial.
De acuerdo con el análisis de su estrategia, el concepto de “El Tigre” no surgió únicamente como un apodo espontáneo, sino como el resultado de un proceso en el que se unificaron narrativas, símbolos y una fuerte presencia digital para construir una identidad fácilmente reconocible y emocionalmente poderosa dentro del electorado colombiano.
La marca se consolidó alrededor de la idea de fuerza, liderazgo y carácter, atributos asociados al felino que rápidamente fueron adoptados por simpatizantes y equipos de campaña. Con el tiempo, este símbolo dejó de ser solo una referencia personal para convertirse en un eje central de comunicación política, presente en eventos masivos, productos comerciales, contenido digital y actos públicos.
Uno de los elementos clave de esta estrategia ha sido la creación de un movimiento organizado que antecede incluso la candidatura formal: “Defensores de la Patria”, una estructura que permitió articular seguidores, consolidar bases regionales y dar soporte a la expansión del mensaje político en distintas zonas del país.
El crecimiento de la marca también se ha apoyado en una fuerte apuesta por el marketing y la comercialización. Bajo el sello “El Tigre”, se han desarrollado productos, campañas visuales y una estética de lujo que refuerza la imagen de liderazgo y éxito personal, convirtiendo la figura del candidato en un producto político y empresarial al mismo tiempo.
En el ámbito digital, la estrategia ha apostado por la viralidad, el uso de símbolos patrióticos y la construcción de contenidos diseñados para redes sociales, logrando una alta recordación y una conexión emocional con diferentes sectores de la población.
En conjunto, la estrategia detrás de “El Tigre” evidencia un modelo de comunicación política en el que la frontera entre marca personal, movimiento social y campaña electoral se difumina, consolidando una narrativa donde la imagen del líder se convierte en el centro del proyecto político.

